Desde los hechos acaecidos en el barrio de Once, conocidos publicamente como la tragedia de Cromañon, se endureció la caza de brujas, se profundizó la clausura de espacios alternativos, erigiéndose como un muro infranqueable la posibilidad de salir de los circuitos tradicionales de espectáculos y producciones artísticas. Hace algún tiempo -sin límites precisos- pareciera que algunas grietas en la Matrix se están abriendo... de todas formas resulta una odisea conseguir un espacio en el que no esté todo pautado para que los artistas o promotores culturales pongan -y probablemente pierdan- su dinero.