
De Facundo Zilberberg.
Dirección de
Gabriel Wolf – Los Macocos –
Elenco: Sol Berzgal, Gabriela Kon y Maggi Persincola.
Tres mujeres. Un televisor. Una historia que las une, las desune, las enfrenta y deja en evidencia sus virtudes y miserias.
En una casa común, de gente común, en una ciudad común, se encuentran mirando televisión Sofía y Candela.
Candela se ha quedado sin hogar, por lo que vive en la casa de Sofía, quien aprovecha esta circunstancia para compartir con ella su adicción a la televisión y hacerla víctima de sus caprichos. Valentina –una amiga de ambas–, que aborrece la televisión, las visita. Todo va bien hasta que algo inesperado sucede. Algo que hace variar los destinos de todas en un giro de 180º.
Los personajes transitarán idas, venidas, padeceres, disputas... hasta que todo se desemboca en un final inimaginable.
Todos los televisores van al cielo surge en base a una visión del resultado y efecto que hoy en día produce la televisión en las personas, la alienación, adicción y sedentarismo doméstico que incita al “triunfo del mínimo esfuerzo físico e intelectual”, fomentado por este medio de comunicación masivo. A raíz de ello se toma la parodia como recurso, y en base a la formación de las actrices y su gusto por la comedia, surgen del grotesco la caracterización de los personajes. Como producto de estas composiciones se llega a una puesta en escena que entremezcla el realismo con el absurdo, con acciones y relaciones cotidianas y algunas insólitas y tragi-cómicas, dejando ver las miserias y aristas de estos tres personajes, con sus costumbres y llamativos delirios y sobre todo influenciados por una “realidad” encapsulada en los límites de una pantalla, o mejor dicho, dentro de la llamada “caja boba”. Por esta razón se elige una estética de colores fuertes y ambientes “pintados”, asemejando el decorado de una ficción televisiva, con elementos de utilería un tanto kitsch y personalizados, subrayando el estado y características de las protagonistas, estereotipadas con marcados acentos llevados al extremo y contrapuestos entre sí. El público podrá observar un solo ambiente durante toda la obra, con interacciones hacia un “afuera” que se manifiestan fuera de campo, a través de ruidos y voces en off; por medio de este código un tanto cinematográfico, se conserva la idea de aislar este “mundo interno” del resto de la sociedad.
Podés ver la obra
todos los viernes a las 21 hs.
Entrada: $ 20
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